lunes, 14 de septiembre de 2009

El escritor que inventó una ciudad

LA GACETA Literaria
Domingo 13 de Septiembre de 2009 Ensayo: "Naufragios en mar y tarco en flor", Isabel Aráoz. Facultad de Filosofía y Letras, UNT, Tucumán. Por Fabián Soberón.

El hombre está sentado y pasa las hojas sepias del gran cuaderno de bitácora. Saca una pipa y lanza la primera bocanada de la tarde. El inmenso azul del mar murmura entre los engranajes precisos de las máquinas. Piensa en los relojes diminutos de la sala. Controla, paciente y solo, las reglas antiguas. Hace días que un pensamiento atraviesa su memoria. Está obsesionado con un capítulo de la novela. Hugo Foguet se levanta de la silla. Se para al lado de la ventana. Mira el azul por enésima vez. Recorre, en su mente, las olas blancas y las calles de todas las ciudades del mundo. Pero hay una que no lo deja dormir. Y no sabe que las páginas de su libro serán las calles de un jardín tropical. Esta escena sitúa al escritor Hugo Foguet en la sala de máquinas, el lugar del barco en el que anotaba, obsesivamente, sus borradores. Allí escribió las páginas de Pretérito perfecto. Allí pensó las líneas sinuosas de sus poemas y los párrafos barrocos de sus cuentos.

Una obra ejemplar
Hugo Foguet, el "flaneur de mer", nació y murió en Tucumán. Y dejó tres libros de cuentos, dos novelas y un libro de poemas. Esa obra, intensa y vasta, es el objeto de estudio de la Licenciada Isabel Aráoz, quien recorre, con pericia, toda la obra publicada: los cuentos de Hay una isla para usted, El advenimiento de la bomba, Convergencias, los poemas de Naufragios y las novelas Frente al mar de Timor y Pretérito perfecto. Y el recorrido da como resultado un estudio documentado, erudito e imprescindible.Hasta el momento se habían publicado múltiples ensayos aislados que daban una visión parcial de la obra de Foguet. Uno de los méritos del trabajo de Aráoz es estudiar la obra conjunta. Aráoz no sólo indaga, de manera detallada, cada pieza del escritor sino que brinda una visión general. El libro de Aráoz es necesario. Ubica al tucumano entre los escritores de provincia que han trascendido: Moyano, Tizón, Juan José Hernández y Tomás Eloy Martínez. Y muestra que Foguet ha escrito una obra ejemplar por fuera de las reglas del puerto. Aráoz consigna que el fervor que despertó la obra de Foguet durante su vida se apagó después de su muerte. Hoy circula, secretamente, por bares, cafés y encuentros literarios. Muy pocos lo leen. Hugo Foguet es un escritor de culto: es más un nombre y una sombra que una obra que circula. Esperemos que el libro de Aráoz contribuya a quitar el velo de olvido que le han impuesto, acaso caprichosamente, las historias de la literatura publicadas en Buenos Aires.© LA GACETA

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